domingo, 15 de octubre de 2017

Crónica de una mudanza anunciada

Hace casi ya mes y medio que me mudé a Barcelona para estudiar. Por qué Barcelona, os preguntaréis. Pues porque no me quedaba otra. La carrera que estoy estudiando ahora solo existe aquí, así que no pude sino venirme a realizar mis sueños.

Si hacer la maleta para un viaje normal ya es complicado, imaginaos la dificultad de hacerla para irse a un lugar con clima diferente por, al menos, 4 meses. Del calor estival al frío más gélido. Ese es el rango de ropa que hay que preparar. Una semana estuvo mi habitación llena de cosas para decidir cuáles se quedaban y cuáles me traía. La maleta en sí no hubiera sido posible sin la inestimable ayuda de mi hermana Laura - alias Reina del Tetris -, mi madre la Reina del Porsiacaso y mi padre la Calma Disfrazada. Y así quedó la cosa. Jamás hubiera pensado que mi vida cabría en un maletero.


Partimos mi padre y yo al alba cuan épicos viajeros. No me costó instalarme mucho ya que simplemente tenía que sacar todo lo que traía y colocarlo en un lugar virgen. Al día siguiente, después de salir del curso de catalán, el Ikea se convirtió en mi nuevo aliado y dotamos a mi habitación de una nueva estantería, lista para ser llenada con los libros de clase. Mi padre volvió a los dos días a Vitoria. Y aquí estoy yo. Y Espumadera, claro. Listas y preparadas para contaros nuestras peripecias, aventuras, historias y cuentos de nuestra vida en Barcelona.

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