Hace
casi ya mes y medio que me mudé a Barcelona para estudiar. Por qué
Barcelona, os preguntaréis. Pues porque no me quedaba otra. La
carrera que estoy estudiando ahora solo existe aquí, así que no pude sino venirme a realizar mis sueños.
Si hacer
la maleta para un viaje normal ya es complicado, imaginaos la
dificultad de hacerla para irse a un lugar con clima diferente por,
al menos, 4 meses. Del calor estival al frío más gélido. Ese es el
rango de ropa que hay que preparar. Una semana estuvo mi habitación
llena de cosas para decidir cuáles se quedaban y cuáles me traía.
La maleta en sí no hubiera sido posible sin la inestimable ayuda de
mi hermana Laura - alias Reina del Tetris -, mi madre la Reina del
Porsiacaso y mi padre la Calma Disfrazada. Y
así quedó la cosa. Jamás hubiera pensado que mi vida cabría en un
maletero.
Partimos
mi padre y yo al alba cuan épicos viajeros. No me costó instalarme
mucho ya que simplemente tenía que sacar todo lo que traía y
colocarlo en un lugar virgen. Al día siguiente, después de salir
del curso de catalán, el Ikea se convirtió en mi nuevo aliado y
dotamos a mi habitación de una nueva estantería, lista para ser
llenada con los libros de clase. Mi padre volvió a los dos días a
Vitoria. Y aquí estoy yo. Y Espumadera, claro. Listas y preparadas
para contaros nuestras peripecias, aventuras, historias y cuentos de
nuestra vida en Barcelona.

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