Lo
bueno
de
vivir
en
Barcelona
es
sin
duda
la
asombrosa
variedad
de
eventos
y
actividades
culturales
a
los
que
asistir.
En
mi
primer
fin
de
semana
estuve
en
la
Potterwalk.
Nos
reunimos
en
la
Estación
de
França
con
los
uniformes
pertinentes
para
iniciar
el
curso
en
Hogwarts.
Fue una tarde genial en la que conocí a muchísima gente maravillosa
que me hizo sentir como en casa.
Pero,
para ser sincera, yo no necesito coger un tren ya
que
estudio
en
mi
Hogwarts
particular:
la
Facultad
de
Filología
de
la
UB.
Está
situada
en
pleno
centro
de
Barcelona
y
entrar
en
ella
es
como
transportarse
en
tiempo
y
espacio.
Un
recibidor
lleno
de
columnas
y
estatuas
de
piedra,
un
claustro
con
estanque
y
las
míticas
escaleras
cambiantes
(si,
existen).
Y
no
solo
es
el
edificio.
Las
clases
son
de
ensueño.
Profesores
que
te
tratan
como
adultos que se supone que
somos, temario
interesante
y
métodos
y
formas
de
llevar
las
clases
que
hacen
que
no
puedas
despegar
tus
ojos
del
estrado y
tu
mano
del
folio.
Vivir
aquí
es
sencillo.
Cada
barrio
es
una
Vitoria
a
pequeña
escala.
Tiene
sus
tiendas,
bares,
supermercados...
Se
puede
vivir
sin
salir
de
él,
aunque
no
es
recomendable.
Más
allá
de
las
fronteras
difusas
se
encuentran
tiendas
aún
más
interesantes
si
se
puede.
En
mi
caso:
Gigamesh.
Es
esa
tienda
de
la
que
te
hablan,
tienes
amigos
que
han
ido
y
han
sobrevivido,
pero
que
no
sabes
exactamente
cómo
es
hasta
que
no
llegas.
Casi
muero.
Estanterías
repletas
de
libros,
juegos,
figuritas...
Y
no
solo
eso.
También
hacen
presentaciones
literarias,
charlas,
encuentros,
partidas...
El
PARAISO.
Eso
es
lo
que
descubrí
en
mi
segundo
fin
de
semana
aquí.
La
Editorial
Cerbero
vino
a
pasar
aquí
esos
días
y
organizaron
junto
a
Gigamesh
varias
actividades,
de
las
que
os
hablaré
pronto
en
la
crónica
de
ese
fin de semana.
