miércoles, 18 de octubre de 2017

El cielo no está tan lejos.

Lo bueno de vivir en Barcelona es sin duda la asombrosa variedad de eventos y actividades culturales a los que asistir.
En mi primer fin de semana estuve en la Potterwalk. Nos reunimos en la Estación de França con los uniformes pertinentes para iniciar el curso en Hogwarts. Fue una tarde genial en la que conocí a muchísima gente maravillosa que me hizo sentir como en casa.
Pero, para ser sincera, yo no necesito coger un tren ya que estudio en mi Hogwarts particular: la Facultad de Filología de la UB. Está situada en pleno centro de Barcelona y entrar en ella es como transportarse en tiempo y espacio. Un recibidor lleno de columnas y estatuas de piedra, un claustro con estanque y las míticas escaleras cambiantes (si, existen). Y no solo es el edificio. Las clases son de ensueño. Profesores que te tratan como adultos que se supone que somos, temario interesante y métodos y formas de llevar las clases que hacen que no puedas despegar tus ojos del estrado y tu mano del folio.

Vivir aquí es sencillo. Cada barrio es una Vitoria a pequeña escala. Tiene sus tiendas, bares, supermercados... Se puede vivir sin salir de él, aunque no es recomendable. Más allá de las fronteras difusas se encuentran tiendas aún más interesantes si se puede. En mi caso: Gigamesh. Es esa tienda de la que te hablan, tienes amigos que han ido y han sobrevivido, pero que no sabes exactamente cómo es hasta que no llegas.
Casi muero.

Estanterías repletas de libros, juegos, figuritas... Y no solo eso. También hacen presentaciones literarias, charlas, encuentros, partidas... El PARAISO. Eso es lo que descubrí en mi segundo fin de semana aquí. La Editorial Cerbero vino a pasar aquí esos días y organizaron junto a Gigamesh varias actividades, de las que os hablaré pronto en la crónica de ese fin de semana.

domingo, 15 de octubre de 2017

Crónica de una mudanza anunciada

Hace casi ya mes y medio que me mudé a Barcelona para estudiar. Por qué Barcelona, os preguntaréis. Pues porque no me quedaba otra. La carrera que estoy estudiando ahora solo existe aquí, así que no pude sino venirme a realizar mis sueños.

Si hacer la maleta para un viaje normal ya es complicado, imaginaos la dificultad de hacerla para irse a un lugar con clima diferente por, al menos, 4 meses. Del calor estival al frío más gélido. Ese es el rango de ropa que hay que preparar. Una semana estuvo mi habitación llena de cosas para decidir cuáles se quedaban y cuáles me traía. La maleta en sí no hubiera sido posible sin la inestimable ayuda de mi hermana Laura - alias Reina del Tetris -, mi madre la Reina del Porsiacaso y mi padre la Calma Disfrazada. Y así quedó la cosa. Jamás hubiera pensado que mi vida cabría en un maletero.


Partimos mi padre y yo al alba cuan épicos viajeros. No me costó instalarme mucho ya que simplemente tenía que sacar todo lo que traía y colocarlo en un lugar virgen. Al día siguiente, después de salir del curso de catalán, el Ikea se convirtió en mi nuevo aliado y dotamos a mi habitación de una nueva estantería, lista para ser llenada con los libros de clase. Mi padre volvió a los dos días a Vitoria. Y aquí estoy yo. Y Espumadera, claro. Listas y preparadas para contaros nuestras peripecias, aventuras, historias y cuentos de nuestra vida en Barcelona.